Plantar comestibles

Resurgir de mis propias cenizas

Vivir con el tiempo ocupado siempre, estudiando, trabajando, saliendo de marcha, oxigenándome con escapadas esporádicas a la sierra… Así era mi vida en la ciudad, y la verdad es que me encantaba. Se me daba bien, iba «cumpliendo misiones».

Había tenido vaivenes, épocas mejores y peores… como todo el mundo supongo, pero el balance era bueno, era feliz.

En 2014 sentí cómo se derrumbaba mi vida. Cómo pasé de sentirme fuerte y capaz de lo que se me pusiera por delante, a sentirme perdida, rota y débil. Como si de pronto, no tuviera capacidad de nada. Como si no supiera nada acerca de la vida. Como si en realidad mi cuerpo se moviera por inercia mientras yo lo miraba impasible desde fuera sin saber qué hacer.

Pasé de un profundo dolor a no sentir nada… Me sentía muerta en vida…

No todo eran penas, pero cavé hondo ese pozo que lo hacía todo tan oscuro y no fue nada fácil salir de allí.

Durante unos tres años, interpreté mi propio personaje para continuar el «show» como la canción de Queen.

No se muy bien como conseguí cambiar el foco, pero lo hice. Al principio para ver luz, no servía con abrir el diafragma o subir el iso. Necesitaba flash si o si…

Fuerza y vida natural

Dejé de buscar culpables y empecé a buscar como hacerme autosuficiente. Había perdido la capacidad de autoabastecerme de verdad, al límite de la legalidad tras la ruina empresarial, tenía claro que no iba a permitir que ni a mi hijo ni a mi nos faltara el alimento.

Conectada de nuevo a mí misma, comenzaron a llegar a mi vida las personas indicadas para el cambio que estaba a punto de vivir, el que me salvaría.

Cambié completamente el escenario: vida en el campo, red real de apoyo de mujeres maravillosas, sabias y fuertes, importancia a lo importante…. me di cuenta de que con mi vida de ciudad había olvidado muchas de las cosas más básicas de la vida. Me creía totalmente independiente cuanto mas dependiente me hacía y había eliminado de mi estructura de pensamiento el porqué profundo de las cosas, el cómo y el para qué.

Me libré de todo y comencé de nuevo: nuevos enfoques, nuevas lentes, nuevos paisajes, nuevos cimientos, nuevas creencias, nuevas formas, … Todo nuevo. Me sentí torpe… Muy torpe, y a la vez libre y afortunada.

Grande la oprtunidad de desprenderme de todo y escribir mi vida de nuevo. Todo un abanico de posibilidades se abría ante mí con una capacidad renovada de valorar lo más puro.

Cambiaron mis prioridades y como pasa siempre que te centras en lo que estás enfocando, todo se alinea para ponértelo más fácil.

Hasta este momento, nunca antes había visto un brócoli en su planta
Hasta este momento, nunca antes había visto un brócoli en su planta.
Detalles tan pequeños y tan grandes

La verdad es que estoy agradecida a todas y cada una de las personas que han pasado por mi vida desde siempre, pero a partir de este momento, las conexiones me traían respuestas, en ocasiones a preguntas que no sabía que me hacía. Así cayó en mis manos el libro documental «Mañana» en el que se da un giro profundo a problemas mundiales como la crisis económica, la ecología, la escasez de alimentos, la educación, … Me fascinó la transformación que propone y me ayudó a recuperar la fe en la humanidad, al visibilidad los movimientos que ya están en marcha. Habla de las asociaciones de plantas en el cultivo y de formas de aprovechamiento del suelo, y me están dando ganas de volver a leerlo para tenerlo todo presente. Me parece un libro impresionante que debería ser una de las asignaturas a estudiar en el cole para conseguir sanar esta sociedad desde lo más profundo.

Aprendí que hay que desear más, que soñamos muchas veces sin la verdadera intención de convertir la realidad, y mirando un poco más allá, ya hay gente trabajando en el cambio que yo soñaba sin creer que podía ser real.

Así que, esos primeros pasos sobre todo si eres de ciudad y quieres un poco más de vida, salud y libertad, son los que te acompaño a dar en «Plantar Comestibles» . Una forma sencilla de comenzar a plantar independencia real.